domingo, 14 de septiembre de 2008

La niña del delantal blanco

(Recuerdo de las veces que vi la muerte)

Todos los meses que había clases, entre los días 5 y 10, los estudiantes primarios de Yerba Buena salían de la escuela y se dirigían a la central de la empresa de colectivos para renovar su abono escolar.
Cada uno iba a la suya. Yo tomaba el 102 Zona Norte, que pasaba por la esquina de mi casa, en el barrio Viajantes, y me dejaba a dos cuadras del colegio San Javier. Entonces, tenía que renovarlo en una oficina de El Camino del Perú, una avenida de dos manos, acompañada por un canal de cemento, profundo y ancho, pero peligroso e inmudable los días de tormenta. Del otro lado empezaba, y aún empieza, San Miguel de Tucumán.
Aquella tarde no llovía. Sí, recuedo, hacía calor; el calor tucumano pesado que anuncia un violento aguacero por la noche. Era noviembre de 1994. Aunque del mes puedo dudar, del año estoy seguro: llevaba una mochila del mundial de fútbol que se había disputado meses atrás en Estados Unidos. Ahí dentro mi mamá me había dejado dos turrones por si había muchos chicos en la fila y me diera hambre mientras esperaba la llegada de mi turno. Tenía 12 años y una madre atenta.
La cola salía a la vereda. Desde ahí se podía ver a los estudiantes llegar solitos para cumplir con su primer trámite en la vida y demostrar en su casa y a los otros compañeros que podían hacerlo, que su mamá lo dejaba, se lo permitía.
Nunca supe quién era la niña del delantal blanco que cruzó sin mirar por aquella avenida. La vi de frente, en el momento justo, no como los otros chicos que voltearon la cabeza cuando escucharon la frenada. Ni siquiera hubo un grito. Sólo su cuerpito que se levantó en el aire, dio dos golpes en el capót y cayó frente al paragolpes. Tenía la mochila puesta aún. Creo que era rosa.
El conductor se bajó desesperado, con las manos en alto, luego las llevó a la cara y se quedó así, con la boca abierta mirando al piso, ahí, donde estaba la niña.

6 comentarios:

Luciana Poliche dijo...

Me suena a Laura Fajjre.

Pedro Noli dijo...

No, Pelu. Esta era otra nenita. La triste muerte de Laura fue frente al colegio, ¿te acordás? Cuántas lágrimas se derramaron esos días. Que esté en paz y su familia también.

Sebastián Nadal dijo...

Un bajón debe haber sido ese momento. Muy shockeante. Muy buen relato, Peter.
Ah, muy bueno el tunning en el blog, que ya lleva tiempo pero nunca encontré la posibilidad de decirlo: quedó, realmente, como una página en blanco. Y el touch de la máquina de escribir es buenísimo.

el Rafa dijo...

GUAUUUU… tremenda historia.
Excelente relato.

Lorena Tapia Garzón dijo...

Durísimo. Me pasó presenciar varias veces en Tucumán accidentes de esa característica. Todavía recuerdo la cabeza colgando y el pelo largo, negro, con rulos que rozaban el piso de una nena de 13 años, cuando la policía la sacaba como una bolsa de papas del auto retorcido que cayó al canal, ahí cerquita nomás de tu anécdota, en Perón y Camino del Perú. La nena murió junto a otros tres adolescentes cuando volvían de Yerba Buena, de joda, hace unos 10 años atrás. El único sobreviviente: un chico de 13 que manejaba el auto que le había robado de su papá. Horrible.

Anónimo dijo...

Amor que historia! y un relato impecable,se me puso la piel de gallina mientras lo leía y me generó la misma sensación que viví aquel 10 de diciembre de 2007.
Hace tiempo que no entraba al blog, me gusta mucho su nuevo look.
Cientos de besos...
Lau.