Jueves 28 de agosto. Faltan 35 minutos para que en Tucumán -y acá también en Buenos Aires- sean las 17, hora en que hablará el juez. Un colega dice que le darán perpetua y domiciliaria. Otro que no, que será en jaula -dice jaula- jaula común. El televisor de mi espalda sintoniza en TN con el volumen alto. La periodista anuncia un móvil en vivo desde el juicio histórico. Espero.
Cinco horas antes, a las 11.49, me había llegado un mensaje de mi viejo. Lo vuelvo a leer. Dice: Terminaron su "alegato" los asesinos Bussi y Menéndez. A las 5 conocerá el mundo su sentencia.
Ojeo los diarios en la web. Clarín titula: "Bussi volvió a llorar y a reinvindicar la dictadura". Pagina/12 no actualiza la noticia desde un minuto después que me llegó el mensaje. Se queda atrás con el tema que será su portada mañana. La Gaceta avanza en una bajada: "Si el Tribunal accede completamente, los acusados deberían ser trasladados esta misma noche a Villa Urquiza".
De la tele ahora se escuchan bombos. Se ve que hace calor en Tucumán. Hay gendarmes en mangas cortas y con itacas cruzadas por el pecho, mujeres con pañuelos blancos sobre su cabeza, banderas rojas, hombres, jóvenes, cámaras, fotógrafos apurados, vallas de hierro y otros que apoyan al represor. Se escucha un canto que viene del fondo: "Bussi, basura, sos muerte y dictadura". Se corta el móvil. Ponchan el estudio.
Espero, faltan minutos.
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Hace 1 año