(El recuerdo más reciente de las veces vi la muerte)
Plaza Constitución, Buenos Aires. Sábado 13 de Septiembre de 2008. Una noche fresca. Un hombre intenta subirse a un colectivo de la línea 168 y el chofer arranca cuando tenía un pie en el aire. El hombre, que es gordo y no llega a los 50 años, cae al piso. Y desde arriba del micro se siente cómo lo aplasta. Fueron las ruedas traseras y pareció que pasamos un lomo de burro.
Tan insignificante puede ser la vida de un desconocido que el policía imbécil que llegó al lugar dijo: "Este estaba borracho. Tiene olor a vino, aún".
miércoles, 24 de septiembre de 2008
miércoles, 17 de septiembre de 2008
El triste corazón de Marcos
-(Recuerdo de las veces que vi la muerte)
La mujer anciana llora en uno de los bancos de la sala de transplante del Centro Privado de Cardiología, un tarde de sábado del año pasado, en Tucumán. Pide un vaso de agua, y he decidido no preguntarle nada. He decidido volver a la redacción sin un entrecomillado de ella. He decidido sentarme a unos metros y mirar.
Llega la hija. Sólo así llora una hija que ha perdido el padre. Un alarido largo, un "¿Por qué?" que nace en el dolor y muere en el silencio.
Llega el hijo. Se aguanta las lágrimas hasta que termina de marcar el número de su hermano. "No aguantó el viejo", le dice. Empieza a agitarse y repite, murmura: "no aguantó".
Había llegado el médico. Siempre quise saber cómo comunicaba una noticia así. Sólo dijo "no" y bajó la cabeza.
El hombre que murió se llamaba Marcos y caminaba todos los días por Simoca. Tenía 64 años y el corazón dañado. La noche anterior un joven de 18 años y el mismo grupo sanguíneo había chocado y muerto en Salta. Su familia decidió donar el órgano. Don Marcos lo aceptó. Y esa tarde murió.
La mujer anciana llora en uno de los bancos de la sala de transplante del Centro Privado de Cardiología, un tarde de sábado del año pasado, en Tucumán. Pide un vaso de agua, y he decidido no preguntarle nada. He decidido volver a la redacción sin un entrecomillado de ella. He decidido sentarme a unos metros y mirar.
Llega la hija. Sólo así llora una hija que ha perdido el padre. Un alarido largo, un "¿Por qué?" que nace en el dolor y muere en el silencio.
Llega el hijo. Se aguanta las lágrimas hasta que termina de marcar el número de su hermano. "No aguantó el viejo", le dice. Empieza a agitarse y repite, murmura: "no aguantó".
Había llegado el médico. Siempre quise saber cómo comunicaba una noticia así. Sólo dijo "no" y bajó la cabeza.
El hombre que murió se llamaba Marcos y caminaba todos los días por Simoca. Tenía 64 años y el corazón dañado. La noche anterior un joven de 18 años y el mismo grupo sanguíneo había chocado y muerto en Salta. Su familia decidió donar el órgano. Don Marcos lo aceptó. Y esa tarde murió.
domingo, 14 de septiembre de 2008
La niña del delantal blanco
(Recuerdo de las veces que vi la muerte)
Todos los meses que había clases, entre los días 5 y 10, los estudiantes primarios de Yerba Buena salían de la escuela y se dirigían a la central de la empresa de colectivos para renovar su abono escolar.
Cada uno iba a la suya. Yo tomaba el 102 Zona Norte, que pasaba por la esquina de mi casa, en el barrio Viajantes, y me dejaba a dos cuadras del colegio San Javier. Entonces, tenía que renovarlo en una oficina de El Camino del Perú, una avenida de dos manos, acompañada por un canal de cemento, profundo y ancho, pero peligroso e inmudable los días de tormenta. Del otro lado empezaba, y aún empieza, San Miguel de Tucumán.
Aquella tarde no llovía. Sí, recuedo, hacía calor; el calor tucumano pesado que anuncia un violento aguacero por la noche. Era noviembre de 1994. Aunque del mes puedo dudar, del año estoy seguro: llevaba una mochila del mundial de fútbol que se había disputado meses atrás en Estados Unidos. Ahí dentro mi mamá me había dejado dos turrones por si había muchos chicos en la fila y me diera hambre mientras esperaba la llegada de mi turno. Tenía 12 años y una madre atenta.
La cola salía a la vereda. Desde ahí se podía ver a los estudiantes llegar solitos para cumplir con su primer trámite en la vida y demostrar en su casa y a los otros compañeros que podían hacerlo, que su mamá lo dejaba, se lo permitía.
Nunca supe quién era la niña del delantal blanco que cruzó sin mirar por aquella avenida. La vi de frente, en el momento justo, no como los otros chicos que voltearon la cabeza cuando escucharon la frenada. Ni siquiera hubo un grito. Sólo su cuerpito que se levantó en el aire, dio dos golpes en el capót y cayó frente al paragolpes. Tenía la mochila puesta aún. Creo que era rosa.
El conductor se bajó desesperado, con las manos en alto, luego las llevó a la cara y se quedó así, con la boca abierta mirando al piso, ahí, donde estaba la niña.
Todos los meses que había clases, entre los días 5 y 10, los estudiantes primarios de Yerba Buena salían de la escuela y se dirigían a la central de la empresa de colectivos para renovar su abono escolar.
Cada uno iba a la suya. Yo tomaba el 102 Zona Norte, que pasaba por la esquina de mi casa, en el barrio Viajantes, y me dejaba a dos cuadras del colegio San Javier. Entonces, tenía que renovarlo en una oficina de El Camino del Perú, una avenida de dos manos, acompañada por un canal de cemento, profundo y ancho, pero peligroso e inmudable los días de tormenta. Del otro lado empezaba, y aún empieza, San Miguel de Tucumán.
Aquella tarde no llovía. Sí, recuedo, hacía calor; el calor tucumano pesado que anuncia un violento aguacero por la noche. Era noviembre de 1994. Aunque del mes puedo dudar, del año estoy seguro: llevaba una mochila del mundial de fútbol que se había disputado meses atrás en Estados Unidos. Ahí dentro mi mamá me había dejado dos turrones por si había muchos chicos en la fila y me diera hambre mientras esperaba la llegada de mi turno. Tenía 12 años y una madre atenta.
La cola salía a la vereda. Desde ahí se podía ver a los estudiantes llegar solitos para cumplir con su primer trámite en la vida y demostrar en su casa y a los otros compañeros que podían hacerlo, que su mamá lo dejaba, se lo permitía.
Nunca supe quién era la niña del delantal blanco que cruzó sin mirar por aquella avenida. La vi de frente, en el momento justo, no como los otros chicos que voltearon la cabeza cuando escucharon la frenada. Ni siquiera hubo un grito. Sólo su cuerpito que se levantó en el aire, dio dos golpes en el capót y cayó frente al paragolpes. Tenía la mochila puesta aún. Creo que era rosa.
El conductor se bajó desesperado, con las manos en alto, luego las llevó a la cara y se quedó así, con la boca abierta mirando al piso, ahí, donde estaba la niña.
jueves, 28 de agosto de 2008
Minutos de sentencia
Jueves 28 de agosto. Faltan 35 minutos para que en Tucumán -y acá también en Buenos Aires- sean las 17, hora en que hablará el juez. Un colega dice que le darán perpetua y domiciliaria. Otro que no, que será en jaula -dice jaula- jaula común. El televisor de mi espalda sintoniza en TN con el volumen alto. La periodista anuncia un móvil en vivo desde el juicio histórico. Espero.
Cinco horas antes, a las 11.49, me había llegado un mensaje de mi viejo. Lo vuelvo a leer. Dice: Terminaron su "alegato" los asesinos Bussi y Menéndez. A las 5 conocerá el mundo su sentencia.
Ojeo los diarios en la web. Clarín titula: "Bussi volvió a llorar y a reinvindicar la dictadura". Pagina/12 no actualiza la noticia desde un minuto después que me llegó el mensaje. Se queda atrás con el tema que será su portada mañana. La Gaceta avanza en una bajada: "Si el Tribunal accede completamente, los acusados deberían ser trasladados esta misma noche a Villa Urquiza".
De la tele ahora se escuchan bombos. Se ve que hace calor en Tucumán. Hay gendarmes en mangas cortas y con itacas cruzadas por el pecho, mujeres con pañuelos blancos sobre su cabeza, banderas rojas, hombres, jóvenes, cámaras, fotógrafos apurados, vallas de hierro y otros que apoyan al represor. Se escucha un canto que viene del fondo: "Bussi, basura, sos muerte y dictadura". Se corta el móvil. Ponchan el estudio.
Espero, faltan minutos.
Cinco horas antes, a las 11.49, me había llegado un mensaje de mi viejo. Lo vuelvo a leer. Dice: Terminaron su "alegato" los asesinos Bussi y Menéndez. A las 5 conocerá el mundo su sentencia.
Ojeo los diarios en la web. Clarín titula: "Bussi volvió a llorar y a reinvindicar la dictadura". Pagina/12 no actualiza la noticia desde un minuto después que me llegó el mensaje. Se queda atrás con el tema que será su portada mañana. La Gaceta avanza en una bajada: "Si el Tribunal accede completamente, los acusados deberían ser trasladados esta misma noche a Villa Urquiza".
De la tele ahora se escuchan bombos. Se ve que hace calor en Tucumán. Hay gendarmes en mangas cortas y con itacas cruzadas por el pecho, mujeres con pañuelos blancos sobre su cabeza, banderas rojas, hombres, jóvenes, cámaras, fotógrafos apurados, vallas de hierro y otros que apoyan al represor. Se escucha un canto que viene del fondo: "Bussi, basura, sos muerte y dictadura". Se corta el móvil. Ponchan el estudio.
Espero, faltan minutos.
¿Lapegüe en CQC?
Me acaban de mostrar la contratapa de La Razón de ayer. Hay un rumorcito: el maestro Sergio Lapegüe podría ser el reemplazante de Pergolini el año que viene. ¿Qué tal, mi amigo? ¿Ya comió?
miércoles, 13 de agosto de 2008
Discriminar, eso no está nada bien
¡Ay Tucson! Otra vez vos. El viernes estuve en la provincia y cometí el gran error de querer salir a bailar a una disco. Me dijeron que había una nueva, copada, y como estaba con dos amigos colombianos los invité a que vayamos.
Cuando llegamos a la puerta pasé de la mano de mi novia y atrás quedaron los colombianos con otro amigo, uno morocho, a quien el patovica de la puerta, le dijo que no lo conocía y que por eso no podía pasar.
-A vos sí- me dijo a mí, y le contesté que era la primera vez que iba. Y claro nos fuimos de toque, de espaldas a ese caretaje de música electrónica.
Me enteré después que al patovica ese lo llaman Richard, y que hay muchos tucumanos que lo saludan en voz alta cuando entran a la disco, para que todos sepan que lo conocen. Y también me enteré que el boliche ese, Syrus, pertenece a un pibe llamado Sebastían Alperovich. Y que es sobrino del gobernador José.
Deje su repudio a este acto acá.
Periodistas tucumanos miren la bombita que les estoy tirando. A ver quién es el primero que se anima a publicar algo. Si lo hacen, por favor avisen, así cuelgo la nota al blog.
Cuando llegamos a la puerta pasé de la mano de mi novia y atrás quedaron los colombianos con otro amigo, uno morocho, a quien el patovica de la puerta, le dijo que no lo conocía y que por eso no podía pasar.
-A vos sí- me dijo a mí, y le contesté que era la primera vez que iba. Y claro nos fuimos de toque, de espaldas a ese caretaje de música electrónica.
Me enteré después que al patovica ese lo llaman Richard, y que hay muchos tucumanos que lo saludan en voz alta cuando entran a la disco, para que todos sepan que lo conocen. Y también me enteré que el boliche ese, Syrus, pertenece a un pibe llamado Sebastían Alperovich. Y que es sobrino del gobernador José.
Deje su repudio a este acto acá.
Periodistas tucumanos miren la bombita que les estoy tirando. A ver quién es el primero que se anima a publicar algo. Si lo hacen, por favor avisen, así cuelgo la nota al blog.
martes, 5 de agosto de 2008
Incisión, por favor
El día que sea Juez seré un poquito más incisivo que los del Tribunal Oral Federal que están juzgando a Bussi. El médico del dictador, Mario Andrés Gálvez, les dijo que a su paciente le dolía el pecho y que había que llevarlo de urgencia a un centro médico. Por eso se postergó la lectura de las acusaciones al genocida. Y por ende el juicio no puede avanzar.
La justicia no pidió detalles de los exámenes, ni preguntó cuánto tiempo lleva cada uno. Todo lo hizo por arriba. Gálvez dijo no se qué de un electrocardiograma, de 24 horas, de un dolor del pecho. Y así pudo zafar. Los jueces, entonces, decidieron postergar el juicio para mañana a las 10 (Espero que sea en punto).
Todo esto a sólo un día del examen del médico forense de la Corte Suprema de la Nación. Ese médico dijo ayer: "Estas afecciones son crónicas y estuvo estable durante el presente año sin necesidad de internación ni de cambio de medicación. Se encuentra compensado y está en condiciones clínicas de participar de la audiencia de debate oral y pública".
Nota (horas depués): Los diarios de hoy informan ( acá, acá y acá) que el juicio fue postergado hasta el viernes. No será, entonces, mañana y menos a las 10 en punto.
La justicia no pidió detalles de los exámenes, ni preguntó cuánto tiempo lleva cada uno. Todo lo hizo por arriba. Gálvez dijo no se qué de un electrocardiograma, de 24 horas, de un dolor del pecho. Y así pudo zafar. Los jueces, entonces, decidieron postergar el juicio para mañana a las 10 (Espero que sea en punto).
Todo esto a sólo un día del examen del médico forense de la Corte Suprema de la Nación. Ese médico dijo ayer: "Estas afecciones son crónicas y estuvo estable durante el presente año sin necesidad de internación ni de cambio de medicación. Se encuentra compensado y está en condiciones clínicas de participar de la audiencia de debate oral y pública".
Nota (horas depués): Los diarios de hoy informan ( acá, acá y acá) que el juicio fue postergado hasta el viernes. No será, entonces, mañana y menos a las 10 en punto.
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